11 diciembre 2021

Amores

 Amores


Me enamoraba de chicos guapos. Ellos no me hacían ni caso.

Era tan enamoradiza que se me notaba.


Escribieron, con tiza, en las paredes, tal x tal. Fui yo la que recibió reprimenda, no las ejecutoras.

Ellas hicieron befa (broma ofensiva), y yo cargué con todo el equipo.

Era esa vecinita que marcó mi infancia.

Ella y su corte.

Suerte que abandonó los estudios y no tuve que soportarla nunca más.

Recordarla me revuelve el estómago.

Si me cruzara con ella, no la miraría. Dejamos de hacerlo y no vale la pena.

Hablé con mi madre, en mi edad adulta, de esa relación tóxica. Lo hice con lágrimas. Ella reconoció no haberse dado cuenta.

Imagino que empecé a guardármelo todo, y a disimularlo, porque recuerdo que con 12 años salía con la cuadrilla de chicas y chicos de mi edad, en las fiestas locales, y que empecé a saborear los bailes y galanteos.

Pagué caro ese disfrute. Me tomaron una foto bailando cogido con un chico, y se la enseñaron a mi padre. 

Toda la furia cayó sobre mí. Me castigaron sin salir durante meses.

Huí de esa relación. El coste fue alto.

El entorno hacía bromas, que a mí me supusieron demasiado.

A nosotras se nos carga una responsabilidad que no tenemos.

Cruel mundo sexista.

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