10 diciembre 2021

Fracaso

 Fracaso


Arrastré esa sensación.

En mi segunda escolarización se me infravaloró.

Era un regalo envenenado.

Cerraron el centro escolar y nos repartieron.

Ya sabía leer. Tenía 4 años. 

Entré con cinco al colegio religioso.

Imagino que tuvieron que tragarse la cuota que les tocó.

Hasta entonces, coincidía con vecinas, mi hermano y mi primo.

Una fractura grande.

A las que no nos consideraban capaces nos hacían ocupar los últimos pupitres del aula.

Su criterio era clasista. No nos correspondía la educación de una señorita.

Las fámulas eran las servidoras de las señoritas. Yo no sufrí esa posición, pero no encajé en su modelo.

Me empeciné en querer ir al instituto, escapar de esas monjas que sembraron en mí la semilla de discrepancia de credo.

Con ello perdí un curso.


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