Los días pasaron. Y pasarán.
En la quietud del encierro voluntario, se alargan y acortan a un tiempo.
Hay dos ritmos vitales. La mente se pliega y con sus dobleces agranda su superficie.
El ritmo de lo cotidiano, por repetitivo iguala unos días a otros, menguando su tiempo.
Dos años transitados a ese ritmo.
El espejo envejece mi semblante.
Mi alma está en otra.
Vive y late.
Ríe y llora.
Se distrae.
Se agobia.
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