En aquel mundo de mujeres, que me dejaban de herencia, tal día como hoy teníamos nuestro día. El único en que las mujeres mandaban.
En casa, nos juntábamos por la tarde a tomar un chocolate a la taza, en mi ciudad natal, con un bollo cortado a lo largo. No solíamos hacerlo con churros.
En este día, hace diez años, seguimos el ritual con mi padre. Él viudo y nosotros huérfanos de madre.
El día anterior habíamos enterrado a mi madre.
Otros recuerdos me llevan al salón de baile. Este día, las chicas íbamos a solicitar bailador. Algunos se vengaban, negándose.
Éramos tan jóvenes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario