Amiga
No dudé en llevarla ante mi familia. La presenté como amiga.
Mi amiga.
No mi novia.
En la mente de mis padres y tíos no había confusión, porque no había información. El mundo se encargaba de no dejar ver el hecho.
Entre dos mujeres, era aceptado el cariño.
Recuerdo que una de mis tías nos dijo que éramos como hermanas.
En la calle, en más de una ocasión nos atribuyeron la relación de madre e hija. De risa, mi amiga y yo, que ahora lo somos, nos llevamos un año. Ella parecía mucho más joven. Parecía un chaval. Otro error, porque ambas somos femeninas.
De hecho, las dos estamos casadas con mujeres que veo se denominan tomboy.
Cuando nos encontramos, en el 81, no parecía haber nada que nos atrajera especialmente. Fue dentro del ambiente feminista independiente.
Lo de independiente fue curioso, porque una amiga y yo fuimos a asambleas feministas en las que se preguntaba sí formábamos parte de algún partido, y las dos dijimos ser independientes, sin saber que hay una corriente feminista que es el feminismo independiente, corriente a la que me uní posteriormente.
Yo salía de una relación muy compleja. Había dejado la relación por supervivencia. No me podía permitir seguir en ella, porque el alcohol era su motor, y había conseguido ponerle freno, cosa que él no hizo.
Antes había tenido novios y parejas hetero.
Ella se vino a vivir conmigo, a mi casa, y tuvimos esa doble vida, para el mundo éramos amigas, para los círculos más íntimos éramos pareja.
Entonces ni se olía la posibilidad del matrimonio. Tampoco lo reclamábamos. De hecho, llevo diez años casada con la que estoy desde hace treinta años, con nuestras idas y venidas, y once como pareja de hecho.
Entrar en el mundo de la mujer, para mí fue un renacimiento. De hecho, empecé a considerar mi nueva vida y a apuntar mis años desde ese nuevo inicio.
Las relaciones no son idílicas. He pasado por fuegos y desamores, también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario